Si tuvieras que operarte o pasar tu coche por un puente que acaban de construir, que preferirías, que alguien te dijera “puede que sea mejor cortar por aquí” o “vamos a probar si el puente aguanta el peso, puede que sí”. No se te ocurriría. Primero querrías que se hubiese probado con un porcentaje seguro o muy elevado, casi improbable de error esa acción.

Con una metodología Lean Startup aplicada al lanzamiento de cualquier proyecto, conseguimos ese enfoque científico para crear y administrar proyectos de startups y obtener un producto deseado para testar ante los ojos de los clientes más rápido y con apenas riesgo. El método Lean Startup te enseña cómo orientar la conducción de la startup: cómo dirigirte, cuándo girar y cuándo perseverar, y hacer crecer un negocio con la máxima aceleración. Es un enfoque basado en principios para el desarrollo de nuevos productos. Demasiadas startups comienzan con una idea de un producto que creen que la gente quiere. Luego pasan meses, a veces años, perfeccionando ese producto sin generar ingresos, sin mostrar el beneficio directo a otros clientes ya que no consiguen testimonials ni referencias, incluso presentan con tanto cambio un producto poco escalable o adaptado a las necesidades reales del posible cliente.
Cuando no logran llegar a una amplia aceptación por parte de los clientes, a menudo se debe a que nunca hablaron con ellos antes de lanzar el producto o servicio, no determinaron si el producto era interesante, fueron con el producto ya finalizado sin ningún test previo y lo lanzaron al mercado, que solo da una oportunidad, la perdieron, se quedaron sin posibilidad de recuperarse y perdieron su inversión.
Los clientes de una manera u otra siempre comunican feedback. A través de su indiferencia, nos dicen que no les interesa la idea, por tanto, también han expresado su opinión. El método más empírico, sería como el de las empresas farmacéuticas. Un grupo de prueba, de test, y una primera versión de producto para ver que aceptación genera y si soluciona el problema. Con las startup igual. Lanzamos una primera versión (MVP o producto mínimo viable). Con este prototipo, ante un target de posibles clientes, medimos su respuesta. Extrapolamos, adaptamos cambios, lanzamos otro test, así hasta que el MVP (o mpv en su acrónimo en español) se convierte desde prototipo a la versión final.
Este empirismo adaptado al mundo startup reduce costes, riesgos y asegura un mejor retorno de la inversión por parte de los clientes.Por tanto, un producto mínimo viable que nos permite ensayar como en un laboratorio, nos dará luz para saber dónde invertir el grueso de nuestro capital.
